CALEIDOSCOPIO

Claudio Naranjo: “El mal de la civilización es la mente patriarcal”


Claudio Naranjo. Chileno, estudió medicina, psiquiatría y música y acabó convirtiéndose en un referente mundial en la investigación de la mente humana. Integrador de la sabiduría tradicional y científica, oriental y occidental, y el conocimiento histórico, antropológico, sociológico, psicológico y espiritual del ser humano. Creador del programa SAT, en principio dirigido a profesionales de la psicoterapia y derivado en un programa de transformación individual y social para uso personal y en el ámbito educativo. Autor de más de 20 libros, traducidos a varios idiomas.

“La única salida a esta crisis es la transformación interior”

La crisis actual ha tambaleado muchos cimientos del sistema y ha acabado revelando algunas de sus muchas fisuras. El comunismo se hundió por sus fallos de funcionamiento pero el capitalismo no parece salir mejor parado. Llevamos siglos cambiando gobiernos, haciendo revoluciones políticas y sociales pero nunca llegamos a buen puerto quizás porque nos olvidamos de las transformaciones más básicas y elementales que tienen lugar en la revolución personal.
Tenemos el mundo que tenemos por el tipo de conciencia que se desarrolla a través de la educación, según Claudio Naranjo. Y si queremos salir de verdad de esta crisis económica, social y humana hemos de superar el ego individualista e iniciar una auténtica transformación interior.

¿La civilización está enferma? ¿De qué?
El mal de la civilización es la mente patriarcal. Y no me refiero sólo a la sociedad patriarcal que hace que los machos predominen sobre las mujeres y tengan un acceso más fácil al poder y a la economía. Me refiero a una forma de mentalidad que actualmente ya todos compartimos, hombres, mujeres y niños, contaminados por el mismo virus.

– ¿A qué nos referimos exactamente con esa “mentalidad patriarcal”?
A una pasión por la autoridad. Por el ego, el ego patrístico, un complejo de violencia, desmesura, voracidad, conciencia insular y egoísta, insensibilidad y pérdida de contacto con una identidad más profunda.
Hay quien cree que todo esto forma parte de la naturaleza humana y que siempre ha sido así.
Pues no. Hay indicios de la existencia de un pasado matrístico, y aún hoy existen algunas sociedades indígenas de estas características que no funcionan en absoluto con estas directrices y valores que conocemos en la civilización. Esta mente, lejos de ser inherentemente humana, en realidad empezó a gestarse hace sólo unos 6.000 años, cuando, ante una crisis de supervivencia, ciertas poblaciones agrícolas arcaicas indouropeas y semitas tuvieron que volver a hacerse nómadas y acabaron convirtiéndose en comunidades de guerreros depredadores.

– ¿Y cómo se manifiesta esta mente patriarcal?
En unas relaciones de dominio-sumisión y de paternalismo-dependencia, que interfieren en la capacidad de establecer vínculos adultos solidarios y fraternales. El cerebro patriarcal-racional llama a la competencia, mientras que el femenino llama a la cooperación. Esta dependencia y obediencia compulsiva (a los gobiernos y al poder en general) no sólo son enajenadoras para el individuo sino que constituyen distorsiones, falsificaciones y caricaturas del amor.

– Pero las cosas pueden ser de otra manera. Usted dice que, en realidad, somos seres “tricerebrados”.
Efectivamente. En un lenguaje anatómico, poseemos un cerebro instintivo, que compartimos con todos los reptiles; emocional, como el resto de los mamíferos, y el racional, que es el último que se ha desarrollado y, sin embargo, ha acabado imponiéndose a los otros dos. Es como si en nuestro interior lleváramos a tres personas: una de tipo intelectual-normativo, que sería el padre; una persona emocional, que representa el principio del amor, que es la madre, y una instintiva, que sería el niño. Pues bien, en la sociedad actual, lo que denominamos la civilización, predomina el cerebro racional y tiene lugar el imperialismo de la razón sobre lo emocional y lo instintivo.

– Pero esta razón que impera, ¿es realmente racional o más bien irracional?
Ahí has dado en el clavo, porque en realidad no es racional ni inteligente, desde el punto de vista de los resultados en el bienestar social y personal. Ha corrompido conceptos como la inteligencia, la eficacia o la racionalidad misma. Es una mente rígida, aislada, autoritaria y normativa que busca resultados y ganancias a corto plazo, pero ganancias desde el punto de vista competitivo, materialista o consumista, no en cuanto al bienestar profundo, desarrollo personal o convivencia con el medio. Y, en consecuencia, toda la educación está sujeta a este paradigma racionalista.

– ¿Que se manifiesta en…?
En considerar la educación un mero traspaso de información, alejado de objetivos como el autoconocimiento, que debería ser prioritario. Y así vemos cosas en la escuela como que un niño o una niña llora y le llaman la atención.

– Y si se ríe le echan de clase.
Las emociones están prohibidas. Y lo instintivo aún más. Y sin embargo, para que la persona esté sana en una sociedad sana sería preciso el equilibrio entre los tres cerebros. Armonizar los binomios competencia/colaboración, agresión/ternura. Desarrollar una sana agresión en vez de la agresividad depredadora imperante. Y sobre todo desarrollar la capacidad amatoria, la ternura.

– ¿Estamos en el camino? Usted habla del ocaso del patriarcado.
Por una parte, vemos que el autoritarismo en las familias disminuye y también el de los gobiernos. Pero han cogido el poder las empresas y su control en la sombra es enorme. Pero quizás sí, podemos decir que la nave se está hundiendo pero la gente está más ocupada en mantener el estatus que en salvarse; en defender lo poco que les queda, aunque se haya visto lo poco que vale, que en la transformación, en dejarlo todo y empezar a construir de cero.

– Por eso insiste usted tanto en la importancia de la educación.
Claro, porque es más fácil prevenir que curar. Hemos de prevenir la destrucción de la mente. La educación actual cuenta con una agenda implícita que requiere que los niños sean igualitos a los papás, cuando los papás son el problema. Decimos que la educación es para transmitir nuestros valores y no nos damos cuenta de que estamos transmitiendo nuestras plagas.

– ¿Y esto es responsabilidad de la escuela, de la familia, de los medios?
De las autoridades en todos estos ámbitos, desde los profesores quemados hasta la misma opinión pública. Los padres aspiran a que sus hijos triunfen en este mundo de competencia económica, no importa que también sea un mundo de pobreza creciente mientras que no les toque a ellos. Prefieren la educación que sirve como una máquina de certificación. No les interesa educar sino servir al mundo del trabajo. Insisten en que desean el bien de los hijos pero en realidad no les interesa el bien de los hijos más que como eficacia en los negocios. Tenemos el mundo que tenemos por el tipo de conciencia que se desarrolla a través de la educación, que es una educación implícitamente explotadora.

– Es usted muy crítico con la educación y muy en especial con los educadores.
Porque no considero educación el mero traspaso de información, como una forma más de producción, de formación y explotación de nuevos trabajadores, que es en lo que consiste la escuela actual. Debemos volver a las raíces de la educación como autoconocimiento, en la búsqueda de ese “conócete a ti mismo” de Sócrates. Al autoconocimiento transformador que posibilite el cambio.

– Sin embargo, hay algunas iniciativas educativas diferentes, como por ejemplo las escuelas internacionales de Krishnamurti.
Sí, pero aún esas escuelas llegan hasta el debate, y eso está bien, porque por lo menos te da la oportunidad de aprender a pensar por ti mismo. Pero el debate en sí no transforma nada. Hay que integrar procesos de autoconocimiento transformador.

– La transformación individual para transformar y sanar la civilización.
No hay cambio posible sin pasar por el autoconocimiento individual. Siglos y siglos de cambios sociales y políticos han fracasado porque han pasado por alto el cambio de las personas. Sólo podemos sanar el tejido a través de las células, las personas. Y para eso tenemos que sembrar la semilla en la escuela. Pero ha de ser una nueva escuela que tenga en cuenta los tres aspectos de las personas: el conocimiento, la salud amorosa y la salud instintiva.

– Suena diferente.
Pero necesario, si queremos transformar las cosas de verdad. El otro día me invitaron a dar una conferencia en una universidad, y antes de empezar me pidieron que evitara los temas espirituales y los psicológicos y me limitara a la pedagogía. Chocante. La educación se resiste a integrar lo transcendental-espiritual y lo terapéutico y sigue considerándolo un campo ajeno porque, de lo contrario, complicaría las cosas. Y es cierto, las complicaría un poco, porque significaría permitir que las personas piensen por sí mismas. Así que no se asume el riesgo. Claro que no se calcula el precio.

– ¿Y cuál es el precio?
La infelicidad colectiva.

– ¿Y qué podemos hacer?
En primer lugar, reconocer que es un hecho que los niños llegan cada vez más emocionalmente dañados al colegio. En muchos casos los padres están ausentes de la educación de los hijos. Escasea el tiempo libre y casi no se disfruta del ocio, y mucho menos compartido en familia. Y sin embargo, el ocio está ligado al crecimiento y al espíritu, ya que te ofrece la oportunidad de estar contigo mismo.

– ¿Qué más?
Reconocemos también que están faltos de amor y de esa parte del saber, no científico, la sabiduría que nos permite tomar buenas decisiones en la vida. Decisiones que nos conduzcan de verdad a ser más felices.

– ¿La escuela tiene que ocuparse de todo esto?
Sí, la escuela tiene que incorporar ese aspecto humanizante. Revelar la insatisfacción latente y canalizarla. No sólo para sacar a flote este sistema económico en crisis sino por el coste personal y de sufrimiento.

– ¿A qué se refiere con revelar la insatisfacción?
Porque detrás de toda búsqueda hay una insatisfacción y si queremos iniciar una búsqueda personal hacia el autoconocimiento y la transformación debemos ser conscientes primero de que este estado de cosas no nos satisface. La insatisfacción está ahí, bien latente y bien visible, lo que pasa es que el consumismo nos da respuestas del tipo: cómprate un coche mejor, cambia de casa, de ciudad, de pareja, de trabajo. Pero no vale la respuesta del consumismo porque la insatisfacción, así, no sólo no se resuelve sino que acabamos haciéndonos adictos a ella, que en realidad es lo que necesita el sistema: que seamos unos obedientes consumistas insatisfechos crónicos. Necesitamos respuestas más profundas que nos lleven a hacer cambios significativos.

– Tengo la impresión que tanto en la escuela como en la familia no siempre está bien vista la búsqueda ni la insatisfacción.
Y así es. Porque nuestra cultura no reconoce la búsqueda como un valor sino como un síntoma. Sólo se admite si está en el camino de la ambición profesional, pero si es algo indefinido, que es como tiene que ser la búsqueda en estado puro, enseguida se etiqueta. Dicen “qué persona tan inquieta”, y se la ve rara. Si además es muy apasionada, la búsqueda no comprendida ni apoyada se hace dolorosa y acaba en la consulta del psiquiatra. Cabe la posibilidad de que se acabe interpretando como un síntoma esquizofrénico, angustia, etc., cuando en realidad no es más que la insatisfacción natural ante la vida alienada, separada y desestructurada que llevamos.

– ¿De qué manera podemos actuar desde la familia?
Lo máximo que pueden hacer los padres por sus hijos es ocuparse de su propio desarrollo personal. Que el padre y la madre se desarrollen como personas y sean el ejemplo. Que no aspiren solo a que el hijo o la hija traigan buenas notas a casa. Que tomen conciencia de todo eso que está faltando en la educación y parece que nadie lo nota.

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“La fidelidad en él depende de un gen; en ella, del día del mes”


• Louann Brizendine, neuropsiquiatra; autora de “El cerebro masculino”

“La fidelidad en él depende de un gen;

Louann Brizendine, neuropsiquiatra.
“Tengo 57 años: me siento liberada por la menopausia y unida con un nuevo vínculo más empático con mi marido. Nací en Kentucky. Tengo un hijo. Hombres y mujeres no compiten: los hombres rivalizan con hombres por jerarquía y las mujeres con mujeres por protagonismo.”

– Cerebro… ¿Masculino?
– ¿Sabe por qué tanta broma?

– ¿. ..?
– Porque es incómodo admitir el enorme impulso sexual del varón. De hecho, la civilización consiste en encauzarlo.

– Y su libro El cerebro femenino es más gordo que El cerebro masculino.
– Mis amigas decían que para “el cerebro masculino” bastaba un cómic. Esas bromas revelan la incomodidad de la sociedad ante el chorro de testosterona que arrastra al hombre y arrastra el hombre toda su vida.

– ¿Cuándo empieza el drama?
– Hasta las ocho semanas de embarazo los cerebritos son iguales. Entonces los testiculitos empiezan a emitir la testosterona que hace diferente al cerebro masculino.

– ¿En qué?
– Para empezar, el hipocampo, área cerebral que regula la actividad sexual, en el hombre es dos veces y media mayor.

– ¿Y eso le hace esclavo de sus pasiones?
– Entre los 9 y los 15 años, el niño sufre un aumento de testosterona del 250 por ciento. Eso influye sobre todo – pero no sólo- en su sexualidad…

– ¿En qué más?
– Los niños son más violentos, agresivos, posesivos, territoriales y jerárquicos, y muestran distinta visión espacial que las niñas. Ellas tienen quince veces menos impulso sexual.

– ¿Algún experimento lo demuestra?
– Conductuales, muchos. Hemos preguntado a chicos y chicas de 16 años cuántas parejas sexuales querrían tener en toda su vida. Ellos dicen – de media- 17. Y ellas, 2.

– Y ellos no llegan y ellas se pasan.
– Es más preciso decir que la tendencia a la fidelidad en ellos depende sobre todo de sus genes y en ellas, del día del mes, de su ciclo.

– ¿La infidelidad está en los genes?
– Creemos que en algunos varones existe un gen, el detector de la vasopresina, que determina la inclinación a la poligamia. Quienes lo tienen son monógamos con facilidad.

– ¿Cómo lo sabe?
– Lo tiene el perro de la pradera, que es monógamo. En cambio, su primo el ratón de montaña es muy promiscuo. Colocamos ese gen del perro de la pradera en el ratón y el polígamo se volvió monógamo. Algo parecido sucede con el lagarto de garganta naranja…

– ¿Se enamora el bicho?
– Depende del color de su garganta: los naranja son machos alfa con un gran harén; los acechan los gargantas amarillas, que aprovechan sus despistes para meterse en el harén y copular, y por último los gargantas azules, que seducen a una sola hembra a la que se dedican y entregan durante toda su vida.

– ¿Usted qué estrategia prefiere?
– A mi marido le apodo garganta azul cariñosamente y las genetistas bromean con que el tamaño sí importa, porque ese gen que los hace fieles influye más cuanto más largo es.

– ¿Cuál es el peor malentendido entre ellos y ellas?
– Cuando pregunto a mis pacientes: “¿Cómo sabes que ella te quiere?”, suelen responder: “Porque practica el sexo conmigo”.

– Primario, pero sincero.
– Si les pregunto a ellas sobre ellos, responden: “Porque habla conmigo” y – las más afortunadas-“porque me escucha”.

– ¿Y cuál es su consejo?
– Ella debe considerar que, tras la petición de sexo de él, su pareja, hay mucho más que la mera búsqueda del placer: hay refuerzo del vínculo. Y él recordar que la excitación de su mujer no comienza, como en ellos, cinco minutos antes del coito, sino al menos 24 horas antes; en realidad, todo lo que sucede en la relación influye en la excitación de ellas… Excepto, quizá, dos días al mes.

– Cuente, cuente…
– Las mujeres preferimos gargantas azules en general, es decir, buscamos compromiso a largo plazo. Pero hay dos días – justo antes de la ovulación- en nuestro ciclo en que miramos con interés, incluso sin darnos cuenta, a los chicos malos,pero atractivos, que normalmente rechazaríamos por su evidente falta de compromiso.

– ¿Por qué?
– Hormonas. En esos días las chicas – a veces sin advertirlo-prefieren dejar al chico fiel en casa y buscar diversión fuera. Por eso, hay un cinco por ciento de progenie extramarital. De ahí que las culturas patriarcales quieran controlar la fecundidad femenina.

– ¿Qué le ha sorprendido al investigar?
– La respuesta de los padres a la química del embarazo. La embarazada emite feromonas por su piel con su sudor que, al olerlas, inhiben la testosterona del padre – así le vuelve más fiel-y aumentan su nivel de prolactina.

– … que potencia el instinto paterno.
– Ese cambio hormonal causa el síndrome de Couvade o embarazo empático en algunos: bien documentado por los antropólogos.

– Papás embarazados psicológicamente.
– He atendido casos extremos de papás primerizos que engordan con la madre embarazada: uno ganó siete kilos y los perdió tras el parto. Ese cambio en el cerebro del padre agudiza sus sentidos y hace que oiga el llanto de un bebé un 30 por ciento más.

– ¿Dura mucho el embarazo paterno?
– Al ver la cara del bebé se activan en los padres los circuitos neuronales del enamoramiento: se activan las dopaminas y oxitocinas. Y esa gratificación se mantiene hasta la adolescencia cuando juega con el niño.

– O niña.

– El niño juega retando al padre y la niña dominándolo en juegos de rol.
ENTREVISTA DE LLUÍS AMIGUET – 01/06/2010 – LA CONTRA – LA VANGUARDIA – BARCELONA – ENVIADO POR MARIVÍ FRANCES DE ARBOLEDA DE GAIA, NAVARRA
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Satori


“Om Namah Amitabaya, Buda Om, Shanga Om, Darma Om…”. Con profunda devoción, cantaron por última vez el mantra, como al final de cada meditación. Habían llegado al término del riguroso retiro de meditación de fin de año, que había durado treinta días.

Ardían dos austeras velas ante la imagen sonriente de Buda. Una suave fragancia a sándalo inundaba la sala. Flotaba en toda ella un silencio que entraba por los poros de la piel, abiertos en sutil atención al aquí y ahora.

El esforzado grupo de aspirantes al Despertar, esperaba con impaciencia, doloridas las rodillas y encogidas las articulaciones, la charla final del Maestro neófito, Pravira Jebal.

“Tantas horas sentados, tanto sueño, tanto esfuerzo -dijo con voz solemne y las pupilas dilatadas por la prolongada vigilia- ¿y qué hemos conseguido?… ¡NADA!”.

Una sonora y convulsa carcajada estalló desde el fondo del vientre de cada uno de los meditadores. En ese preciso momento comprendieron.

Extraido del libro: Relatos de un Minuto Editorial Arte y Locura

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Fritz S. Perls (1893-1970)


Yo soy yo, Tú eres Tú
Tú haces lo Tuyo, Yo hago lo Mío
Yo no vine a este mundo para vivir
De acuerdo a tus expectativas
Tú no viniste a este mundo para vivir
De acuerdo con mis expectativas
Yo hago mi vida, Tú haces la tuya
Si coincidimos, será maravilloso
Si no, no hay nada que hacer.

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El aullido: la resurrección de la Mujer Salvaje


La Loba

Tengo que confesarles que yo no soy como uno de esos teólogos que se adentran en el desierto y regresan cargados de sabiduría. He recorrido muchas hogueras de cocinar y he esparcido cebo de angelote en toda suerte de dormitorios. Pero, más que adquirir sabiduría, he sufrido embarazosos episodios de Giardiasis, E. coli 1, y amebiasis. Ay, tal es el destino de una mística de la clase media con intestinos delicados.

He aprendido a protegerme de todos los conocimientos o la sabiduría que haya podido adquirir en el transcurso de mis viajes a extraños lugares y personas insólitas, pues a veces el viejo padre Academo*, como el mítico Cronos, sigue mostrando una fuerte propensión a devorar a sus hijos antes de que hayan alcanzado la capacidad de sanar o sorprender. El exceso de intelectualización puede desdibujar las pautas de la naturaleza instintiva de las mujeres.

* Héroe ateniense al que estaba dedicado un bosque sagrado donde Platón fundó su Academia y donde solían reunirse los filósofos de Atenas. (N. de la T.)

Por consiguiente, para fomentar nuestra relación de parentesco con la naturaleza instintiva, es muy útil comprender los cuentos como si estuviéramos dentro de ellos y no como si ellos estuvieran fuera de nosotros. Entramos en un cuento a través de la puerta del oído interior. El relato hablado roca el nervio auditivo que discurre por la base del cráneo y penetra en la médula oblonga justo por debajo del puente de Varolio. Allí los impulsos auditivos se transmiten a la conciencia o bien al alma, según sea la actitud del oyente.

Los antiguos anatomistas decían que el nervio auditivo se dividía en tres o más caminos en el interior del cerebro. De ello deducían que el oído podía escuchar a tres niveles distintos. Un camino estaba destinado a las conversaciones mundanas. El segundo era para adquirir erudición y apreciar el arte y el tercero permitía que el alma oyera consejos que pudieran servirle de guía y adquiriera sabiduría durante su permanencia en la tierra.

Hay que escuchar por tanto con el oído del alma, pues ésta es la misión del cuento.

Hueso a hueso, cabello a cabello, la Mujer Salvaje regresa. A través de los sueños nocturnos y de los acontecimientos medio comprendidos y medio recordados. La Mujer Salvaje regresa. Y lo hace a través de los cuentos.

Inicié mi propia migración por Estados Unidos en los años sesenta, buscando un lugar donde pudiera asentarme entre los árboles, la fragancia del agua y las criaturas a las que amaba: el oso, la raposa, la serpiente, el águila y el lobo. Los hombres exterminaban sistemáticamente a los lobos en el norte de la región de los Grandes Lagos; dondequiera que fuera, los lobos eran perseguidos de distintas maneras. Aunque muchos los consideraban una amenaza, yo siempre me sentía más segura cuando había lobos en los bosques. Por aquel entonces, tanto en el oeste como en el norte, podías acampar y oír por la noche el canto de las montañas y el bosque.

Pero, incluso en aquellos lugares, la era de los rifles de mira telescópica, de los reflectores montados en jeeps y de los cebos a base de arsénico hacían que el silencio se fuera propagando por la tierra. Muy pronto las Montañas Rocosas se quedaron casi sin lobos. Así fue como llegué al gran desierto que se extiende mitad en México y mitad en Estados Unidos. Y, cuanto más al sur me desplazaba, tanto más numerosos eran los relatos que me contaban sobre los lobos.

Dicen que hay un lugar del desierto en el que el espíritu de las mujeres y el espíritu de los lobos se reúnen a través del tiempo. Intuí que había descubierto algo cuando en la zona fronteriza de Texas oí un cuento llamado “La Muchacha Loba” acerca de una mujer que era una loba que a su vez era una mujer. Después descubrí el antiguo relato azteca de los gemelos huérfanos que fueron amamantados por una loba hasta que pudieron valerse por sí mismos 2.

Y, finalmente, de labios de los agricultores de las antiguas concesiones de tierras españolas y de las tribus pueblo del sudoeste, adquirí información sobre los hueseros, los viejos que resucitaban a los muertos y que, al parecer, eran capaces de devolver la vida tanto a las personas como a los animales. Más tarde, en el transcurso de una de mis expediciones etnográficas, conocí a una huesera y, desde entonces, ya jamás volví a ser la misma. Permítanme que les ofrezca un relato y una presentación directos.

Hay una vieja que vive en un escondrijo del alma que todos conocen pero muy pocos han visto. Como en los cuentos de hadas de la Europa del este, la vieja espera que los que se han extraviado, los caminantes y los buscadores acudan a verla.

Es circunspecta, a menudo peluda y siempre gorda, y, por encima de todo, desea evitar cualquier clase de compañía. Cacarea como las gallinas, canta como las aves y por regla general emite más sonidos animales que humanos.

Podría decir que vive entre las desgastadas laderas de granito del territorio indio de Tarahumara. O que está enterrada en las afueras de Phoenix en las inmediaciones de un pozo. Quizá la podríamos ver viajando al sur hacia Monte Albán 3 en un viejo cacharro con el cristal trasero roto por un disparo. O esperando al borde de la autovía cerca de El Paso o desplazándose con unos camioneros a Morella, México, o dirigiéndose al mercado de Oaxaca, cargada con unos haces de leña integrados por ramas de extrañas formas. Se la conoce con distintos nombres: La Huesera, La Trapera y La Loba.

La única tarea de La Loba consiste en recoger huesos. Recoge y conserva sobre todo lo que corre peligro de perderse. Su cueva está llena de huesos de todas las criaturas del desierto: venados, serpientes de cascabel, cuervos. Pero su especialidad son los lobos.

Se arrastra, trepa y recorre las montañas y los arroyos en busca de huesos de lobo y, cuando ha juntado un esqueleto entero, cuando el último hueso está en su sitio y tiene ante sus ojos la hermosa escultura blanca de la criatura, se sienta junto al fuego y piensa qué canción va a cantar.

Cuando ya lo ha decidido, se sitúa al lado de la criatura, levanta los brazos sobre ella y se pone a cantar. Entonces los huesos de las costillas y los huesos de las patas del lobo se cubren de carne y a la criatura le crece el pelo. La Loba canta un poco más y la criatura cobra vida y su fuerte y peluda cola se curva hacia arriba.

La Loba sigue cantando y la criatura lobuna empieza a respirar.

La Loba canta con tal intensidad que el suelo del desierto se estremece y, mientras ella canta, el lobo abre los ojos, pega un brinco y escapa corriendo cañón abajo.

En algún momento de su carrera, debido a la velocidad o a su chapoteo en el agua del arroyo que está cruzando, a un rayo de sol o a un rayo de luna que le ilumina directamente el costado, el lobo se transforma de repente en una mujer que corre libremente hacia el horizonte, riéndose a carcajadas.

Recuerda que, si te adentras en el desierto y está a punto de ponerse el sol y quizá te has extraviado un poquito y te sientes cansada, estás de suerte, pues bien pudiera ser que le cayeras en gracia a La Loba y ella te enseñara una cosa… una cosa del alma.

Mujeres que corren con los lobos.