CALEIDOSCOPIO

Rlexionando de la mano de Alejandro Jordorosky

Un buen día, toda el agua del planeta al mismo tiempo empezó a evaporarse, quedando la Tierra envuelta en una espesa nube blanca. Parecía una gran sandía enterrada entre algodones. Las moléculas de hidrógeno y de oxígeno se entremezclaban felices allá en el cielo, purificándose, danzaban sin importarles de donde vinieran. Llegado el momento, comenzó a llover al unísono en todos los continentes, mares y océanos. Ese agua mágica destiñó todas las banderas del mundo

Dividieron con un muro, como otras tantas veces se había hecho, un país en dos mitades. Fruto de la improvisación hubo ciudades que quedaron separadas a lo largo sus plazas y avenidas, e incluso casas que también quedaron seccionadas. Aquello generó muchas preguntas sin respuesta:¿Cómo era posible que unas habitaciones pertenecieran a un país y el resto a otro?

Se necesitaron tres generaciones para comprender que el muro no tenía una finalidad defensiva, era una barrera  para evitar que la gente escapara y detener el tiempo. Finalmente los nietos, armados de picos y palas, acabaron derribando las fronteras que un día edificaron sus abuelos…

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