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“Lo que pensamos varía nuestra biología”


Podemos cambiar no se trata de un gurú de las pseudociencias, Lipton impartió clases de Biología Celular en la facultad de Medicina de la Universidad de Wisconsin y más tarde llevó a cabo estudios pioneros de epigenética en la facultad de Medicina de la Universidad de Stanford que lo llevaron al convencimiento de que nuestro cuerpo puede cambiar si reeducamos nuestras creencias y percepciones limitadoras. El problema siempre es el cómo: cómo cambiar la información del subconsciente. En su libro La biología de la creencia (Palmyra) recomienda métodos como el PSYCH-K. Y en La biología de la transformación (La esfera de los libros) explica la posibilidad de una evolución espontánea de nuestra especie.

Me enseñaron que los genes controlan la vida, que en ellos se inscriben todas nuestras capacidades y características, pero es falso.

¿Del todo?

No somos víctimas de nuestra genética, en realidad es el ADN el que está controlado por el medio externo celular.

¿Qué significa eso?

La célula es la vida. Hablar de una célula es como hablar de una persona. Nosotros recibimos la información a través de los cinco sentidos y las células reciben las señales del entorno a través de los receptores que captan la información. El ADN es controlado por señales que vienen desde fuera de la célula, incluyendo mensajes energéticos de nuestros propios pensamientos, tanto los positivos como los negativos.

¿Somos lo que vivimos y pensamos?

Sí, y cambiar nuestra manera de vivir y de percibir el mundo es cambiar nuestra biología. Los estudios que empecé hace cuarenta años demuestran que las células cambian en función del entorno, es lo que llamamos epigenética. Epi significa por encima de la genética, más allá de ella.

¿Y?

Según el entorno y como tú respondes al mundo, un gen puede crear 30.000 diferentes variaciones. Menos del 10% del cáncer es heredado, es el estilo de vida lo que determina la genética.

¿Es el entorno el que nos define?

Aprendemos a vernos como nos ven, a valorarnos como nos valoran. Lo que escuchamos y vivimos nos forma. No vemos el mundo como es, vemos el mundo como somos. Somos víctimas de nuestras creencias, pero podemos cambiarlas.

Pero las creencias están inscritas en lo más profundo de nuestro subconsciente.

Cierto. El subconsciente es un procesador de información un millón de veces más rápido que la mente consciente y utiliza entre el 95% y el 99% del tiempo la información ya almacenada desde nuestra niñez como un referente. Por eso cuando decidimos algo conscientemente como, por ejemplo, ganar más dinero, si nuestro subconsciente contiene información de que es muy difícil ganarse la vida, no lo conseguiremos.

¿Entonces?

Si cambiamos las percepciones que tenemos en el subconsciente, cambiará nuestra realidad, y lo he comprobado a través de numerosos experimentos. Al reprogramar las creencias y percepciones que tenemos de cómo es la felicidad, la paz, la abundancia, podemos conquistarlas.

Me suena a fórmula feliz…

Así es como funciona el efecto placebo. Si pienso que una pastilla me puede sanar, me la tomo y me encuentro mejor. ¿Qué me ha sanado?…

¿La creencia?

Eso parece. Al igual que los pensamientos positivos y el efecto placebo afectan a nuestra biología, existe el efecto nocebo: si crees que algo te hará daño, acabará por hacerte daño. Henry Ford decía que tanto si crees que puedes como si crees que no puedes, tienen razón. Si eliges vivir un mundo lleno de amor, tu salud mejorará.

¿Y eso por qué?

La química que provoca la alegría y el amor hace que nuestras células crezcan, y la química que provoca el miedo hace que las células mueran. Los pensamientos positivos son un imperativo biológico para una vida feliz y saludable. Existen dos mecanismos de supervivencia: el crecimiento y la protección, y ambos no pueden operar al mismo tiempo.

O creces o te proteges.

Los procesos de crecimiento requieren un intercambio libre de información con el medio, la protección requiere el cierre completo del sistema. Una respuesta de protección mantenida inhibe la producción de energía necesaria para la vida.

¿Qué significa prosperar?

Para prosperar necesitamos buscar de forma activa la alegría y el amor, y llenar nuestra vida de estímulos que desencadenen procesos de crecimiento. Las hormonas del estrés coordinan la función de los órganos corporales e inhiben los procesos de crecimiento, suprimen por completo la actuación del sistema inmunológico.

¿La culpa de todo la tienen los padres?

Las percepciones que formamos durante los primeros seis años, cuando el cerebro recibe la máxima información en un mínimo tiempo para entender el entorno, nos afectan el resto de la vida.

Y las creencias inconscientes pasan de padres a hijos.

Así es, los comportamientos, creencias y actitudes que observamos en nuestros padres se graban en nuestro cerebro y controlan nuestra biología el resto de la vida, a menos que aprendamos a volver a programarla.

¿Cómo detectar creencias negativas?

La vida es un reflejo de la mente subconsciente, lo que nos funciona bien en la vida son esas cosas que el subconsciente te permite que funcionen, lo que requiere mucho esfuerzo son esas cosas que tu subconsciente no apoya.

¿Debo doblegar a mi subconsciente?

Es una batalla perdida, pero nada se soluciona hasta que uno no se esfuerza por cambiar. Deshágase de los miedos infundados y procure no inculcar creencias limitadoras en el subconsciente de sus hijos.

Fuente: http://www.lavanguardia.com

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Declaración de mi Autoestima


Yo soy yo.

En todo el mundo no existe nadie exactamente igual a mí.

Hay personas que tienen aspectos míos,
pero en ninguna forma el mismo conjunto mío.
Por consiguiente, todo lo que sale de mí es auténticamente mío
porque yo sola lo elegí.

Todo lo mío me pertenece: mi cuerpo,
todo lo que hace;
mi mente, con todos sus pensamientos e ideas;
mis ojos, incluyendo todas las imágenes que perciben;
mis sentimientos, cualesquiera que sean: ira, alegría,
frustración, amor, decepción, emoción;
mi boca, y todas las palabras que de ella salen, refinadas, dulces, o cortantes,
correctas o incorrectas;
mi voz, fuerte  o suave,
y todas mis acciones, sean para otros
o para mí.

Soy dueña de mis fantasías,
mis sueños,
mis esperanzas,
mis temores.
Son míos mis triunfos y mis éxitos,
todos mis fracasos y errores.
Puesto que todo lo mío me pertenece,
puedo llegar a conocerme íntimamente.

Al hacerlo, puedo llegar a quererme
y sentir amistad hacia todas mis partes.
Puedo hacer factible
que todo lo que me concierne funcione
para mis mejores intereses.
Sé que tengo aspectos que me desconciertan
y otros que desconozco.

Pero mientras yo me estime y me quiera,
puedo buscar con valor y optimismo soluciones para las incógnitas
e ir descubriéndome cada vez más.

Como quiera que parezca y suene,
diga y haga lo que sea,
piense y sienta en un momento dado,
todo es parte de mi ser.

Esto es real y representa el lugar que ocupo en ese momento del tiempo.
A la hora de un examen de conciencia, respecto de lo que he dicho y hecho,
de lo que he pensado y sentido,
algunas cosas resultarán inadecuadas.
Pero puedo descartar lo inapropiado,
conservar lo bueno
e inventar algo nuevo
que supla lo descartado.

Puedo ver, oír, sentir, decir, y hacer.
Tengo los medios para sobrevivir,
para acercarme a los demás,
para ser productiva
y para lograr darle sentido y
orden al mundo de personas y
cosas que me rodean.

Me pertenezco y así puedo estructurarme.

Yo soy yo y estoy bien.

(© Virginia Satir, 1975. “Mi declaración de autoestima”.

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Artículo en la revista Ohlala


Los encuentros que sirven para transformarnos a nosotras mismas y al mundo

Son espacios donde nos encontramos con la esencia femenina sin importar las diferencias, dejando atrás todas las mochilas de la vida. Son lugares para descubrir todo nuestro poder y todo lo que podemos hacer para sentirnos bien.

¿De qué se trata?

En apariencia, se trata de meros grupos de mujeres que se reúnen y conversan. Pero al vivir la experiencia, se descubre que es mucho más.

Un círculo de mujeres es un espacio de conexión, de encuentro de la profundidad de la esencia femenina. Es un espejo en el que cada una se ve reflejada, un ritual sagrado que nos carga de energía, un hablar desde la necesidad y un escuchar desde la compasión. Entonces, una se anima a decir lo que le pasa porque descubre que no es la única.

En la práctica, es una reunión de dos o tres horas en la que, formando un círculo, un grupo de mujeres olvidan sus roles y los mandatos para centrarse en lo esencial. Cada una cuenta lo que le preocupa, profundiza, reacciona, se inspira en la experiencia de la otra y comparte su propia sabiduría. Todas se apoyan mutuamente y recurren a la intuición femenina.

¿Por qué de mujeres?

No sólo por su naturaleza cíclica, sino también por esa capacidad única de acompañarse y conectarse desde lo intuitivo. Cuando las mujeres se juntan, no con la intención de “charlar” sino con la convicción de armar una red, se genera algo muy poderoso, como si las matrices se unieran para aprender y contenerse unas a otras. Es así: un grupo de mujeres se reúne y en seguida hace un nido.

Además, cuando descubren que algo les hace bien, encuentran el momento para darse el espacio. Y esto no tiene que ver con que tengan tiempo de sobra. Seguramente cueste muchísimo filtrar esa “pausa” en sus apretadísimas agendas, pero, de todos modos, haciendo algunos retoques, terminan dándose el gusto.

Elegí tu círculo

Círculo + yoga

Marcela Gimpelewicz es una trabajadora del cuerpo y su impronta se ve reflejada en sus círculos. “Desde el cuerpo hasta lo espiritual”, propone, e invita a mujeres comprometidas a reunirse una vez por mes. Comienza con una hora de yoga o expresión corporal “que garantiza la profundidad”, continúa con una hora y media en la que comparten el libro Mujeres que corren con los lobos -mientras revisan la esencia de cada una, se escuchan y se conectan-, para terminar algo más distendidas comiendo algo rico.

Quién: Marcela Gimpelewicz, counselor y profesora de yoga.
Dónde: Belgrano.
Cuándo: último sábado del mes.
Cuánto: $150.
Contacto:

Círculo + percusión

Con la certeza de que el origen de los tambores es femenino, esta propuesta funde el trabajo de reflexión en círculo con el poder sanador de la percusión. La reunión comienza con una ronda de tambores y canto de mantras para continuar con una presentación personal seguida por una meditación. Para terminar, según el grupo, se realiza un temazcal -baño aborigen con vapor de agua de hierbas aromáticas- que, además de generar una desintoxicación física, “ablanda”, libera y conecta.

Quién: Ema Vilches, reiki master y terapeuta del sonido.
Dónde: Quilmes.
Cuándo: último sábado del mes.
Cuánto: $120.
Contacto: quimewenu@hotmail.com

Círculo + danzas

Comienzan la reunión danzando en círculo con música tribalista, ya que el baile ayuda a aflojar y a conectarse en profundidad. Luego, sentadas, se plantean los interrogantes: “¿Cómo me siento realmente?” y “¿Qué me preocupa realmente?”, que desembocan en un trabajo de análisis en el que cada una despliega su potencial pensando en el hoy. Además, dependiendo de las fases lunares y las necesidades del grupo, se realizan actividades enfocadas en la esencia femenina que varían mes tras mes.

Quién: Pupi Larroudé, Counselor.
Dónde: Palermo.
Cuándo: un sábado al mes.
Costo: $30.
Contacto: quebuenosaberdevos@gmail.com

Círculo + bioenergética

El círculo que proponen las especialistas del Instituto Argentino de Análisis Bioenergético tiene la particularidad de usar herramientas de la bioenergética, de las constelaciones familiares y del chamanismo. En sus encuentros mensuales, que duran dos horas y media aproximadamente, se realizan diversas exploraciones -cuencos tibetanos, expresión corporal, respiración, escritura o meditación- que buscan una conexión con la esencia y espíritu femenino y, específicamente, con la matriz.

Quién: Instituto Argentino de Analisis Bioenergetico.
Dónde: Núñez.
Cuándo: mensualmente.
Cuánto: $150.
Contacto:

Círculo + taller de arte

En el Taller de Madero, de la artista plástica y psicopedagoga Claudia Aira, funciona un círculo de mujeres gratuito. Además, en su afán por reunir sus dos pasiones, Claudia generó una serie de círculos especiales donde después de meditar, reflexionar y convocar la energía femenina, se dibujan y pintan mandalas. Son talleres de arte diferentes en los que las mujeres se conectan con sus creaciones y viven una experiencia de paz muy sanadora.

Quién: Claudia Aira, artista plástica y psicopedagoga.
Dónde: Vicente López.
Cuándo: pueden ser encuentros semanales o mensuales.
Costo: algunas actividades son gratuitas; si no, el taller de arte cuesta $400.
Contacto:

¿Cómo es para vos?

María Gorof
30 años
diseñadora de indumentaria
“El círculo trae a mi vida mayor energía positiva, paz y claridad. La conexión que se vive me hace sentir acompañada, contenida, e incrementa mi capacidad de escucha.”

Yanina Piccolo
39 años
psicóloga
“Es un lugar donde me nutro de experiencias de otras mujeres y es un encuentro en el que me olvido de las particularidades de cada una para poner en el centro la esencia femenina y el compartir.”

Silvina Rosenffel
36 años
empleada
“Puedo descargar y comprender mis emociones sintiéndome reflejada en las experiencias de las demás. Además, en el círculo descubrí que todas compartimos mucho más que el género.”

El poder sanador de estos encuentros

– Hacés una pausa.

– Entrás en contacto con tu energía femenina.

– Te das cuenta de lo que estás necesitando.

– Convocás la sanación del cuerpo y el alma.

– Liberás la hormona de la maternidad, lo que provoca una baja de estrés.

– Ejercitás el consenso dejando de lado la manipulación.

– Salís del lugar del ego para darte cuenta de que a la otra le pasa lo mismo.

– Compartís las crisis con las otras.

– Te ponés productiva.

– Contagiás energía a tu entorno y multiplicás círculos.

– Te sentís acompañada dentro de una comunidad de mujeres.

Por Agustina Vissani. Foto de Camila Padilla.

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El nacimiento de nuestro “ser madre” – Lura Gutman


Hemos pasado la infancia practicando con nuestras muñecas a mecer a los bebés, calmarlos, vestirlos, desvestirlos, retarlos y dormirlos. Sin embargo, cuando el bebé real irrumpe en nuestra vida adulta, nos sorprendemos al constatar que hay pocos puntos en común entre el bebé soñado y ese monstruito que llora en los momentos menos oportunos. Y que no es verdad que los bebés sólo comen y duermen, sino que hemos quedado prisioneras de un ser voraz, necesitado al extremo, malhumorado y demandante.

Posiblemente la sorpresa tenga que ver con el desconocimiento con el que las mujeres llegamos a la maternidad respecto al fenómeno de la “fusión emocional”. Para abordarlo, es menester darnos cuenta que la realidad no sólo está constituida por elementos visibles, concretos y palpables. Sino que también existen los mundos sutiles, los campos emocionales, perceptivos, intuitivos o espirituales. Aunque invisibles, suelen manejar los hilos de nuestra vida consciente.

En el caso de la díada mamá-bebé, es conveniente enterarse que ambos pertenecemos al mismo territorio emocional -como dos gotas dentro del océano- y que esta unión sin límites precisos perdurará en el tiempo, aunque nuestros cuerpos hayan sido separados a partir del parto y nacimiento de la cría.

“Fusión emocional” entre mamá y bebé, significa que sentimos lo mismo, percibimos lo mismo, independientemente de “dónde se origine” la sensación, ni si el sentimiento pertenece al presente, pasado o futuro, ya que en el mundo emocional no importan ese tipo de fronteras. De hecho, las mamás “sentimos como un bebé” cuando no toleramos un sonido demasiado fuerte, cuando nos angustiamos si hay demasiada gente alrededor o cuando nuestros pechos se llenan segundos antes de que el bebé se despierte. Del mismo modo, el bebé “siente como su mamá” cuando expresa a través del llanto o de diversas enfermedades, un sinnúmero de situaciones emocionales tales como: angustia por sentirnos exigidas por el varón, dificultades económicas, obligaciones que no podemos cumplir, la ausencia o lejanía de la propia madre, o pérdidas afectivas, por ejemplo.

Pero lo más impactante es darnos cuenta que dentro de la “fusión emocional” el niño vive como propias las experiencias de nuestra propia infancia que se actualizan y plasman en su cuerpo. Sobre todo aquellas vivencias que ya “no recordamos”, que han pasado “a la sombra”. Pues bien, la verdadera dificultad del devenir madre, no tiene que ver con ocuparse correctamente del bebé, sino con el dolor que supone confrontar ahora con las penas que no hemos podido asumir cuando éramos niñas. Devenir adultas de verdad, es darnos cuenta que hoy en día contamos con mayores recursos emocionales para hacernos cargo de nuestra historia y de las elecciones que hemos llevado a cabo.

Concretamente, las madres podemos hacer la prueba -cuando no logramos calmar al bebé ofreciéndole el pecho, ni meciéndolo, ni hablándole ni sacándolo a pasear- recordando alguna situación dolorosa o no resuelta de nuestra infancia, relativa al vínculo con nuestros padres. Si hemos podido traer a la conciencia alguna vivencia significativa, entonces intentemos relatarle al niño con palabras sencillas aquel dolor, aquel sufrimiento o rabia o vergüenza que aún vibra en nuestro interior. O bien, expliquémosle al niño la dificultad o el desacuerdo que tenemos actualmente con nuestra pareja, o la preocupación por la falta de trabajo, o el hartazgo por los malos entendidos con la vecina, o incluso la angustia sorda por esa amiga que emigró. Constataremos que el niño, que dentro de la “fusión emocional” vive como propias todas nuestras sensaciones -incluso las que no reconocemos como tales- se calmará. Porque sabrá de qué se trata.

Pero mucho más valioso aún resulta darnos cuenta qué importancia puede tener para cada una de nosotras reconocer ciertos sentimientos que hemos descartado por considerarlos antiguos, obsoletos o poco valiosos. De este modo, con la ayuda de nuestros hijos -que son espejos del alma materna- podremos reconocernos tal cual somos, y colocar en un lugar superlativo las cuentas que tenemos pendientes con nosotras mismas. Nuestros bebés lloran nuestras penas, vomitan nuestros hartazgos, se brotan de nuestras intoxicaciones emocionales y se enferman de nuestras incapacidades de mirarnos con honestidad.

Esto no significa que tenemos que tener nuestra vida resuelta, ni que seamos “culpables” de lo que les acontece a los niños. Al contrario. Es una oportunidad que las mujeres adquirimos a través del acto de maternar, para conectarnos con nuestro riquísimo mundo emocional, comprendernos y respetarnos. La expresión que el niño asume de nuestros deseos y fantasías relegadas, nos obliga a hacernos preguntas existenciales, íntimas, genuinas y profundamente femeninas.

En definitiva, no devenimos madres necesariamente cuando parimos al niño, sino en el transcurso de algún instante de desesperación, locura y soledad en medio de la noche con nuestro hijo en brazos. Cuando la lógica y la razón no nos sirven, cuando nos sentimos transportadas a un tiempo sin tiempo, cuando el cansancio es infinito y sólo nos resta entregarnos a ese niño que expresa nuestro yo profundo y no logramos acallar, entonces nuestra madre interior ha nacido.

Laura Gutman

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No eres lo que el mundo pien­sa de ti:


Una parábola sobre identidad y autoconocimiento

No eres tú el que te has alejado demasiado, son ellos los que han ido demasiado lejos, y han estado alejándose durante millones de años. La distancia entre el hombre real y hombre tal como existe en el mundo, se ha hecho casi insalvable. Están tan alejados de su propia realidad que han olvidado el camino de vuelta.Han olvidado cuál era su propósito al venir aquí.Hay una antigua parábola… Un rey muy sabio quería que su hijo su único hijo y sucesor fuera también muy sabio antes de sucederle y convertirse en rey de su vasto reino. El anciano eligió un camino muy extraño: Envió a su hijo lejos del reino, le dijo que le abandonaba, que debía olvidar completamente que era un príncipe. «Ya no es un príncipe y no voy a hacerle mi sucesor.»   Le fue arrebatado todo, sus hermosos ropajes, sus ornamentos…; le dieron las ropas de un mendigo y de noche le metieron en un carruaje para expulsarle del reino. Había órdenes estrictas de no permitir su regreso al reino bajo ningún concepto.Pasaron los años; el príncipe se convirtió en un verdadero mendigo y olvidó que había sido príncipe. De hecho no tuvo que hacer esfuerzos para olvidar, porque era un mendigo. Pedía ropa, alimento, abrigo y había ido aceptando lentamente la condición en la que se encontraba. Después de muchos años, un día estaba sentado a la puerta de un hotel, pidiendo. Era pleno verano y quería conseguir suficiente dinero para comprarse un par de zapatos de segunda mano, por supuesto ­porque la tierra le quemaba como el fuego y caminar sin zapatos era imposible. Tenía heridas en los pies y tan sólo pedía que le dieran unas cuantas monedas. En aquel mismo momento un gran carro dorado se detuvo delante del hotel y descendió de él un hombre que le dijo: «Tu padre te llama para que regreses. Es muy anciano, casi está muriendo y desea que seas su sucesor.»En un segundo el mendigo desapareció. Aquel hombre cambió completamente; se podía ver en su cara, en sus ojos… las ropas seguían siendo las de un mendigo, pero el hombre era totalmente distinto. Se reunió a su alrededor una gran multitud -la misma multitud ante la que había estado poniendo la mano para recibir unas monedas- y todos comenzaron a mostrarle su gran amistad. Pero él ni siquiera les presta­ba atención. Subió al carro, se sentó en él y dijo al hombre que había venido a buscarle: «En primer lugar llévame a un lugar hermoso donde pueda darme un buen baño, encontrar ropa adecuada a mi condición, zapatos y ornamentos, porque sólo como príncipe puedo presentarme ante el rey.»Volvió a casa y lo hizo como príncipe. Dijo a su padre: «Sólo quiero preguntarte una cosa: ¿Por qué he tenido que mendigar durante tantos años? Realmente me había olvidado… Si no me hubieras pedido que re­gresara, habría muerto como un mendigo, sin recordar jamás que había sido un príncipe.»El padre dijo: «Es lo que mi padre hizo conmigo. No lo hice para hacerte daño, sino para que pudieras experimentar los extremos de la vida: el mendigo y el rey. Y todo el mundo existe entre estos extremos. Aquel día te dije que olvidaras que eras un príncipe; ahora quiero decirte que ser príncipe o mendigo son sólo identidades que nos dan los demás. No es tu realidad, no eres tú: no eres el príncipe ni el mendigo. En el momento que te das cuenta de que no eres lo que el mundo pien­sa de ti, no eres lo que pareces ser sino algo tan profundamente escon­dido dentro de ti que nadie excepto tú puede verlo, entonces es cuando un hombre se hace sabio. De este conocimiento procede la sabiduría. Yo me sentí enfadado con mi padre y sé que tú debes sentirte enfa­dado conmigo. Pero perdóname porque tenía que dejarte una cosa clara: no te identifiques con ser rey, no te identifiques con ser mendigo, por­que estas identidades pueden cambiar en un momento. Y aquello que puede cambiarse no eres tú. Tú eres algo eterno, inmutable.»La gente se ha alejado mucho de su realidad y el hecho de recor­dársela les hace sufrir. El tratamiento que me han dado no es más que una expresión de su corazón herido. No quieren ver sus heridas; no quieren que se les recuerde lo que han tratado de olvidar y perdonar con tanto esfuerzo. De alguna forma se las han arreglado para crearse una identidad en el mundo…, y aparece un hombre que la destroza completamente. Es na­tural que se enfaden conmigo. Es natural que quieran lapidarme. Es natural que quieran hacerme todo lo que siempre han hecho con la gente como yo. Eso no quiere decir que pierdas la esperanza, que te sientas pesi­mista, que dejes incluso de hablar de mí. De esa forma no les ayudas ni te ayudas a ti mismo.  No debes tener en cuenta su comportamiento en absoluto. Están completamente dormidos. Estamos intentando hacer algo que no les deja dormir, y naturalmente se sienten alterados y reaccionan. Esto es totalmente aceptable. ¿Pero durante cuánto tiempo van a reaccionar? Esta cuestión plantea un gran desafío.  Si pierdes la esperanza has perdido el juego. Yo no voy a perder el juego.Yo seguiré haciendo lo mismo hasta mi último aliento, sea cual sea su reacción. Sólo trayendo su reacción a la superficie existe una posibi­lidad de cambio. Pero es algo que tomará tiempo porque durante miles de años han estado alejados de sí mismos. Debes tener paciencia con ellos porque ellos necesitan tu compasión, necesitan tu paciencia.Vendrán a casa; quieren venir a casa, pero admitir que aún no están en casa contraría su ego. De a misma forma que va contra su ego reconocer que son falsos, que son farsantes.      Pero su misma reacción: tirarme piedras, cuchillos, encarcelarme o crucificarme, les va a hacer cambiar. Ésa es la única manera que tienen de empezar a pensar en lo que están haciendo y en por qué se sienten ofendidos.    Sólo te sientes ofendido cuando se dice una verdad, algo que has estado ocultando. Nunca te ofenden las mentiras. La verdad es la mayor ofensa. (Textos de Osho del libro “Más allá de la psicología”)

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La mujer esqueleto ( Cuento del libro Mujeres que corren con lobos)


La mujer esqueleto ( Cuento Inuit del libro Mujeres que corren con lobos de la cuentacuentos aborigen y psicologa Clarissa P. Estés) – La pulsion de la vida-muerte -vida en las relaciones, lo profundo del inconciente, el miedo a la totalidad…