CALEIDOSCOPIO

Ciclo de astrología arquetipal: Las lunas y los signos – Luna en capricornio


Nos vamos acercando al final del ciclo. Llegamos al décimo signo del mandala, Capricornio, y nos quedan solo dos para cerrar en recorrido. Hoy veremos, por lo tanto, los patrones afectivos de la luna en el signo de capricornio. Lo primero que podemos decir es que la luna aquí se encuentra exiliada ya que su domicilio

 real es en cáncer; signo opuesto a capricornio.
La luna exiliada habla de que la energía de capricornio no es un patrón arquetípico que permita la plena expansión de las características lunares. De hecho, capricornio es el signo del padre y se encuentra alojando a la energía de la madre (luna). Esto plantea, en primer término, que las características blandas y suaves de la luna van a endurecerse en este signo.
Podemos pensar que el arquetipo materno tiene la función de cuidar y proteger lo más íntimo y blando, y lo hace desde un lugar de abrigo, refugio y calidez. El arquetipo paterno tiene la función de proteger lo externo, de cuidar de las amenazas del afuera y velar por ese centro blando que representa lo materno. Por ello la energía del padre es necesariamente más dura y acorazada, pues debe generar sustento y estructura.
Cuando la luna se encuentra en el signo de capricornio, desde temprano hay una clara rigidez emocional que vuelve a los nativos muy resistentes, autosuficientes y reservados. La luna en este domicilio desarrolla patrones de defensa en el afuera, construye murallas, resiste y se auto-abastece.
E. Carutti plantea que al ser capricornio el signo en el que culmina la forma y se completa la estructura, la luna se somete a esa dureza y se limita. El comienzo del proceso de desarrollo humano es lunar. En esa fase se manifiestan todas las posibilidades potenciales, es una etapa de indefinición, indeterminación y vulnerabilidad. Pero con la luna en capricornio encontramos una contradicción: el comienzo lunar indeterminado y volátil se encuentra con la energía de capricornio, que presenta una estructura culminada y la imposición de variables fijas y estables. (E. Carutti. Las Lunas. Pág 215 y 126).
Esta contradicción genera que lo que debería ser blando e indefinido sea duro y resuelto. La luna en capricornio tiene una fuerte estructura emocional y aprende tempranamente a cuidarse a sí misma, porque la energía de la culminación del proceso ataca la energía lunar que representa el comienzo.
Esta luna marca el proceso a la inversa: en vez de comenzar por el principio (vulnerabilidad, indefensión), comienzan por el final (estructura fija, definiciones, auto-cuidado). Por ello el proceso de desarrollo de una luna en capricornio también es a la inversa: es vez de ir desde la indefinición y la dependencia a la definición y la independencia, van desde la dureza hacia los aspectos blandos. Muchas veces los nativos con esta configuración necesitan aprender a detectar sus aspectos vulnerables y dejarse cuidar por el entorno.
Independientemente de las condiciones particulares de la familia de origen, en general los sujetos con esta luna sienten que el ambiente primario es algo frío y distante, a menudo exigente. Todos deben cuidarse por sí mismos y deben aprender a lidiar con sus necesidades tempranamente. No hay demasiado espacio para mostrar la vulnerabilidad y es mucho más valorada la fuerza y la resistencia. Esto va marcando una pauta arquetípica en el sujeto, que ve como amenazante cualquier sentimiento que haga tambalear su estructura.
De alguna manera, la luna en capricornio recuerda al mito de Artemisa, hija de Zeus y Leto. Artemisa nace como hermana gemela de Apolo y ni bien se desprende del vientre de su madre, la ayuda y asiste como partera para que pueda dar a luz a su hermano. No se ve en este mito una etapa de cuidados maternales hacia la pequeña cachorra, sino un salir del vientre plenamente estructurada y adultizada. El mito de Artemisa la muestra como una diosa vírgen, que no necesita de ningún hombre para llevar adelante su vida, es dueña de si misma y vive aislada en los bosques auto-abasteciendo todas sus necesidades. Si bien Artemisa tiene aspectos amazónicos que recuerdan al signo de aries y al guerrero, podemos observar también ciertos rasgos de la luna en capricornio, fundamentalmente por su pronta adultización, su aislamiento y resistencia.
A la luna en capricornio le cuesta mucho necesitar y depender de otros. En general tiene, como dice E. Carutti “una enorme capacidad de contracción y concentración, que minimiza las necesidades limitándolas a lo esencial a fin de autosostenerse y autoabastecerse, con una solidez que la aísla del medio que la rodea” (E. Carutti. Las Lunas. Pág. 216)
De esta forma, este patrón lunar marca que necesitar puede llegar a ser peligroso. Es más fácil para esta luna contraer al máximo sus necesidades que pedir sustento en el afuera. De alguna manera, las vivencias primarias dejaron esta marca. El niño puede haber sentido que su lugar era comportarse como un adulto plenamente responsable, dejando de lado sus pedidos, caprichos, berrinches y demás aspectos infantiles.
El niño interno quedó en las sombras y es necesario recuperarlo. Como dice Berth Hellinger “Nunca es tarde para tener una infancia feliz”. La luna en capricornio debe aprender a cuidar de su niño interno y escuchar las necesidades sin temerles. Volviendo a Artemisa, en algunas variantes, se la llamaba la “Señora de la bestias”, ya que vivía rodeada de perros salvajes y feroces. Cuando desconocemos nuestras necesidades y tratamos de contraer al máximo la luna, es posible que se despierte en nosotros la señora de las bestias, que nos lanza sus perros para que caigamos en la cuenta de su existencia. Por ello, puede suceder que la luna en capricornio de pronto tenga un estallido emocional donde se quiebra, se rompe de un solo golpe y saca a relucir a la señora de las bestias. En estos casos, las necesidades emocionales toman una ferocidad inaudita ya que salen de largo tiempo de reclusión en la sombra.
Esta luna también tiene amplias resonancias con el arquetipo del ermitaño. Este arquetipo está signado por la soledad. El ermitaño no necesita demasiadas cosas, va por la vida con lo justo, acompañado únicamente por su soledad. Suele recluirse en su torre de marfil y desde allí observar lo que pasa en el mundo desapegadamente. El ermitaño podría ser una variante del arquetipo del Sabio. Este último, según Carol Pearson, tiene dones elevados como la capacidad de entendimiento, la búsqueda incesante de la Verdad, la conciencia de la multiplicidad, etc.; pero tiene como sombra la reclusión, la insensibilidad y la sensación de estar por encima de todos, de ser un juez moral.
La luna en capricornio puede ponerse muy exigente y demandar que así como ella resuelve todas sus necesidades, el otro también lo haga. Otras veces es el gran sostén emocional de su entorno, y con su firmeza infinita siempre está para quienes piden. Es una luna con mucha resistencia, capacidad de sostenerse y seriedad. El problema es cuando estas características inhiben el desarrollo de aspectos lúdicos, espontáneos y livianos. El mundo emocional no debe restringirse, sí comprenderse y evolucionar, pero no a fuerza de limitarlo a su mínima expresión. Este es el gran aprendizaje de la luna en capricornio: dejar de temerle al mundo emocional. Cuando lo logra, es capaz de ser un sabio de las emociones, alguien que ve las verdades espirituales y las octavas superiores de cada situación.
Lic. Ada Jimena Marcos
Psicóloga-Astróloga
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Ciclo de astrología arquetipal: La luna y los signos Luna en Escorpio


La luna en el signo de escorpio se encuentra, desde el punto de vista astrológico, en “caída”, ya que su punto de exaltación es en el signo de tauro, su opuesto co

mplementario. Esto indica en un primer nivel cierta aflixión de la energía lunar.
El signo de escorpio, regido por plutón y marte, representa las profundidades del Hades, los mundos subterráneos y los procesos de descenso y encuentro con las sombras. En escorpio existe una retracción de la energía hacia las propias profundidades, con lo cual cuando se atraviesa un proceso de esta clase la energía libidinal puesta en el mundo se introvierte. Esta introversión libidinal para explorar la propia sombra implica necesariamente una especie de deflación, un momento en que parece que la vida se desflora.
Igual que en el mito de Perséfone y Deméter, cuando la Koré es raptada y llevada hacia el Hades, todo en la tierra se marchita. Deméter representa a tauro dentro de los signos astrológicos, y Hades claramente a escorpio. Perséfone va y viene entre ambos mundos y nos representa a nosotros mismos, que cíclicamente atravesamos momentos de floración y maduración sobre la tierra y momentos de descenso y retroceso sobre nuestro propio Hades.
Por ello la luna en escorpio habla de sujetos que están profundamente conectados con sus profundidades internas, con su sombra. También tienden a ver con mucha rapidez y facilidad la sombra ajena. Son personas capaces de profundizar y navegar aguas tormentosas, se animan a ingresar a los rincones más ocultos en busca de sus propios tesoros internos.
La capacidad de conectarse con los aspectos sombríos de la psiqué individual y colectiva llevan a que los sujetos con esta luna tiendan a desarrollar una profunda desconfianza. Comúnmente se trata de personas que siempre están buscando el telón de fondo de las situaciones, el lado “B” o la trampa que todo movimiento tiene (desde su punto de vista). Esta desconfianza genera una muralla entre ellos y el entorno. La luna en escorpio suele poner a prueba a sus vínculos antes de permitirles acceder a un mayor grado de intimidad.
Hablando de la madre de las lunas en escorpio, E. Carutti plantea que suele tratarse de madres con una peculiar intensidad y poder. Existe con la madre un cierto grado de “absorción fusionante”, dirá Carutti en su libro “Las Lunas”. Podríamos amplificar este concepto de Carutti planteando que se constela entre el hijo y la madre una imago con rasgos arquetípicos que remiten al vampiro. El hijo suele sentir que su madre lo absorbe hasta vaciarlo, cual vampiro, y que otras veces ella es incluso capaz de dar su propia sangre para ayudarlo. Esta imago vampírica se constituye en la pauta central de la luna en escorpio y genera una actitud ambivalente hacia el mundo afectivo.
Para Carutti esta ambivalencia se basa en un movimiento de “absorción y repliegue simultáneos, bastante difícil de comprender para los demás pero fundamentalmente para quien los vive, que queda desgarrado en esa la ambivalencia.” (E. Carutti- Las Lunas-)
Podemos decir entonces que la luna en escorpio plasma un movimiento afectivo donde a veces puede estar completamente fusionada e intensamente vinculada y en otros momentos puede estar replegada y alejada agresivamente del entorno. Si pensamos que la luna es la imago nutricia y dadora de vida por excelencia, al estar en escorpio que es el signo de la muerte, necesariamente este arquetipo se divide y se fragmenta. Por un lado tenemos la absorción intensa que nutre y da en exceso y por otro lado tenemos el alejamiento destructivo que quita.
Existe dentro de la antigua mitología del Génesis bíblico la figura de Lilith, conocida en astrología como la luna negra. Lilith fue la primera mujer de Adán, que se marchó del edén porque no quería someterse a su marido. En versiones posteriores se convierte en una mujer despechada que rapta y asesina los hijos de otras personas en forma de venganza. La luna negra polariza a la luna astrológica típica y trabaja la idea de la luna que quita la vida por oposición a la luna que la da. La luna en escorpio sintetiza ambas imagos juntas, es como si en su interior estuviera la nutricia Deméter y la oscura Lilith conviviendo permanentemente y generando la ambivalencia de la que habla Carutti.
De esta forma, los sujetos con luna en escorpio son capaces de entregar hasta su vida por quienes aman, pero también son capaces de dañar profundamente si se sienten heridos o decepcionados. Pueden ser la luna dadora de vida, o pueden ser Lilith en su aspecto vengativo. La luna en escorpio es famosa por no olvidar jamás una ofensa y tomar revancha.
Por otro lado, escorpio es el signo de la muerte y el renacimiento. La luna en escorpio suele vivir muchas crisis emocionales importantes que buscan únicamente despertar el arquetipo del alquimista. Este sentido último de la crisis empieza a comprenderse lentamente y colabora para que el sujeto utilice su parte más baja para elevarla y transformarla en oro. Para Jung la alquimia es el eslabón perdido que le faltaba a su teoría y el encuentro con la sombra no hace más que catalizar la necesidad interna de convertir el plomo de la propia psiqué en oro.
El problema es que en ciertos momentos de la evolución, las crisis escorpianas suelen perder de vista el sentido último de transformación. La luna en este signo trae una emocionalidad que es tan intensa que a menudo no se puede procesar y cataliza la crisis. Esto lleva a una repetición de escenarios críticos y sombríos en la vida del sujeto que no necesariamente llevan a un cambio.
La clave está en aprender a utilizar los descensos como etapas momentáneas que necesariamente deben conducir al despertar de un efecto alquímico. La intensidad de la luna en escorpio parte del contacto con la sombra, que es la zona de la psiqué que guarda nuestra raigambre instintiva, nuestros aspectos rechazados y nuestros talentos no reconocidos. Es el semillero de nuestros verdaderos cambios. Igual que Perséfone, cuando descendemos al Hades tenemos la posibilidad de probar las semillas de granada y quedar profundamente transformados. Es en nuestros sótanos internos, en nuestras tierras más profundas, donde anidan las semillas que debemos sembrar para tener una nueva etapa de floración.
Volviendo a las características de la luna en escorpio; suelen ser emocionalmente intensos, dueños de una profunda sexualidad, a menudo celosos y posesivos con sus vínculos, a veces devoradores, desconfiados, magnéticos y generalmente controladores y obsesivos. Cuando la luna en escorpio evoluciona, estar con ella es exponerse a una energía de transformación y alquimia. Si igual que Perséfone, nos dejamos llevar al inframundo y tomamos sus semillas para luego volver a la superficie, podemos obtener una hermosa cosecha que será auténtica, verdadera y profunda. Es este el trabajo de la luna en escorpio: sintetizar los ciclos de vida-muerte-vida, como diría Clarisa Pínkola Estés.
Cuando esta luna puede superar la ambivalencia de ser a la vez la dadora de vida y la Lilith devoradora, logra una alquimia transformadora que actúa primero en su propio campo emocional y luego en el entorno. En general las lunas en escorpio en pleno aprendizaje son amantes de todo lo oculto, lo tabú y lo espiritual. Es maravilloso ver como el escorpión va alquimizando hasta transformarse en el águila que despliega sus alas hacia lo superior.
Lic. Ada Marcos
Psicóloga- Astróloga.
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El genio de la multitud


Hay suficiente traición y odio, violencia.
Necedad en el ser humano
corriente
como para abastecer cualquier ejercito o cualquier

jornada.
Y los mejores asesinos son aquellos
que predican en su contra.
Y los que mejor odian son aquellos
que predican amor.
Y los que mejor luchan en la guerra
son -AL FINAL- aquellos que
predican
PAZ.
Aquellos que hablan de Dios.
Necesitan a Dios
Aquellos que predican paz
No tienen paz.
Aquellos que predican amor
No tienen amor.
Cuidado con los predicadores
cuidado con los que saben.
Cuidado con
Aquellos que
Están siempre
Leyendo
Libros.
Cuidado con aquellos que detestan
la pobreza o están orgullosos de ella.
Cuidado con aquellos de alabanza rápida
pues necesitan que se les alabe a cambio.
Cuidado con aquellos que censuran con rapidez:
tienen miedo de lo que
no conocen.
Cuidado con aquellos que buscan constantes
multitudes; no son nada
solos.
Cuidado con
El hombre corriente
Con la mujer corriente
Cuidado con su amor.
Su amor es corriente, busca
lo corriente.
Pero es un genio al odiar
es lo suficientemente genial
al odiar como para matarte, como para matar
a cualquiera.
Al no querer la soledad
al no entender la soledad
intentarán destruir
cualquier cosa
que difiera
de lo suyo.
Al no ser capaces
de crear arte
no entenderán el arte.
Considerarán su fracaso
como creadores sólo como un fracaso del mundo.
Al no ser capaces de amar plenamente
creerán que tu amor es
incompleto
y entonces te
odiarán.
Y su odio será perfecto
como un diamante resplandeciente
como una navaja
como una montaña
como un tigre
como cicuta
Su mejor
Arte.-

Charles Bukowski (1920-1994)

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Ciclo de astrología arquetipal La luna y los signos – Luna en acuario


Hoy nos toca reflexionar sobre los patrones energéticos de la luna en acuario. En este caso la luminaria se encuentra en un signo de aire, último de la trinidad de este elemento. Al ser una luna de aire podemos observar en ella características creativas e intelectuales que decodifican las emociones.

Acuario es un signo regido por Saturno y Urano. Cuando tomamos la regencia uraniana comprendemos que lo importante para esta luna es la libertad y el movimiento. Urano es el planeta que rompe las estructuras. Su aparición en 1781 trajo de la mano las posteriores revoluciones en Francia y en EEUU, además del despertar de la tecnología como forma de avance.
En base a esto podemos decir que la energía de acuario tiene también ciertas contradicciones con la energía propia de lo lunar. Si la luna acoge, refugia y estructura los primeros años de vida, en acuario se encuentra con un patrón de desestructuración y ruptura permanente. Esto lleva, como dice E. Carutti a que para la luna en acuario, el refugio sea la ausencia de refugio y la presencia constante de movimiento y libertad. (E. Carutti. Las Lunas. Pág. 239)
Para este autor, los patrones de la luna en acuario son muy difíciles de tolerar para un bebé porque plantean una permanente disrupción y discontinuidad del suministro emocional. Existe una diversificación creativa permanente que va en contra de la necesidad de sostén del cachorro. Por ello, es posible que la manifestación de los patrones energéticos de una luna en acuario haya tomado tintes dolorosos en la biografía del sujeto. (E. Carutti. Las Lunas. Pág. 241)
Seguramente el niño vivenció a su familia como un núcleo atípico, quizás muy original y creativo, o quizás muy ausente y cambiante. En la familia estaba valorada la independencia, la creatividad y el cambio constante, con lo cual el niño absorbió este código desde pequeño. Incluso para Carutti pueden haber existido mudanzas de casa, barrio o país en la infancia del sujeto, lo cual lo lleva a vivir la disrupción de su ambiente primario.
El niño con luna en acuario siente que su ambiente tiene características del arquetipo del vagabundo: no hay un rumbo fijo, hay exploración y cambio permanente, hay poca posibilidad de echar raíces y de permanecer mucho tiempo al abrigo de un lugar, un vínculo o un concepto. El gran temor del vagabundo o el buscador, como lo llama Carol Pearson, es quedar atrapado, sin posibilidad de movimiento, anclado en el conformismo. Eso es lo que lleva a que los sujetos con luna en acuario sientan que pierden su seguridad cuando algo comienza a echar raíces.
La respuesta del vagabundo ante los problemas es dejarlos atrás, dar vuelta la página y escapar. En la infancia el niño sintió que había una gran inestabilidad en su ambiente, y esta discontinuidad se volvió el patrón de normalidad. Por ello la luna en acuario catectiza como lugar seguro la falta constante de refugio y compromiso. Cada vez que se instalaba una pauta, el ambiente ya la estaba cambiando; la fluctuación se volvió la norma.
El sujeto con luna en acuario suele sentir que las estructuras fijas lo aprisionan y lo amenazan, ya que desde pequeño vivió en el movimiento constante. También, según Carutti, comprendió que cuando el afecto aparecía, también llegaba un momento súbito en el cual desaparecía misteriosamente. Con lo cual, cada vez que se inicia el contacto y la emotividad intima, el sujeto revive su temor inconciente a que desaparezca instantáneamente, interrumpiendo por sus propios miedos el lazo. (E. Carutti. Las lunas. Pág. 245).
Este juego de abandonar por temor a ser abandonado es muy típico en las lunas acuarianas que aún tienen patrones infantiles y energéticos que resolver. Al igual que las lunas en otros signos, debemos experimentar plenamente su sombra para poder llegar a la luz.
Semejante a los vagabundos míticos, cada vez que se genera un lazo afectivo o de mínima pertenencia emocional, se corta abruptamente y se pasa a otra historia. Eso es lo que el niño aprendió y libidinizó como lugar seguro: si estoy en movimiento permanente nadie podrá abandonarme. Por algo se la menciona como la luna del desapego. Lo que ocurre es que cuando el desapego se utiliza como herramienta defensiva a temores inconscientes, no sirve como instrumento de evolución espiritual.
Igual que el Urano mítico, las lunas acuarianas están permanentemente sumergidas en su exploración y vuelven al contacto terrenal para depositar las semillas de su creación y desaparecer. Este dios primigenio en la cosmogonía griega, fecundaba al útero cósmico llamado Gea. Cuando las semillas de su creación comenzaban a desarrollarse en el vientre de su consorte, Urano volvía a reinfetarlas porque le parecían imperfectas. Este proceso de reinfetación, de cancelación del progreso de la forma es típico de la luna en acuario. La forma es densa, estable, limitante y eso es lo que provoca esta reacción de interrupción en Urano.
Por ello, la luna en este signo suele cancelar abruptamente el desarrollo de las formas vitales, porque cuando llegan a su apogeo suele sentirlas estables y limitantes. La reinfetación puede darse con cualquier cosa: pueden interrumpir constantemente el desarrollo de una pareja, de un trabajo, de una carrera, de una amistad, etc. De esta forma la luna acuariana está siempre comenzando, siempre creando y nunca sosteniendo.
La luna en acuario tiene la posibilidad de amar libremente y sin condicionamientos, pero eso sucede cuando supera la acumulación de interrupciones traumáticas que puede haber vivido en su infancia. Cuando la interrupción abrupta deja de ser un mecanismo de defensa, el sujeto con esta luna puede desplegar la libertad sin necesidad de protegerse de nada.
Podemos decir que existen tres tipos de defensa primaria frente a los acontecimientos: el ataque, la huida y el congelamiento. La luna en acuario tiene una reacción de huida instantánea lo cual interrumpe el crecimiento natural de las cosas de la vida. De este modo, cuanto más ama algo más angustiado se siente por la posibilidad de pérdida y cambio abrupto. Esto lo lleva a deshacerse rápidamente del vínculo, carrera, trabajo o interés que haya despertado este sentimiento.
El movimiento de amor interrumpido del que habla Bert Hellinger es la clave en esta luna y es lo que se repite sin cesar hasta que se sane y resuelva. Esta experiencia de vagabundeo por la vida desarrolla un intenso afán exploratorio y un sentido profundo de la libertad que pueden elevar a la luna acuariana hacia un amor fraternal e igualitario. Esta clase de amor es sumamente espiritual y necesario en los tiempos que corren, pero es necesario deshacerse de las defensas de huida para poder expresarlo.
Lic. Ada Jimena Marcos
Psicóloga-Astróloga