CALEIDOSCOPIO

Las bendiciones


“La santidad consiste en bendecir todo aquello que ves, que oyes, que tocas, que conoces, siendo lo que eres y no lo que los otros quieren que seas.” Alejandro Jodorowsky

Antiguamente bendecidor era el que decía o hablaba bien y con fundamento. Bendecir –según el diccionario de la lengua- entre otras cosas significa alabar, engrandecer, ensalzar a alguien, colmarlo de bienes o hacer que prospere.

Tal como le enseñó la curandera maga Doña Magdalena a Alejandro Jodorowsky bendecir también significa cuidar, detener el miedo, proteger. No hace falta ser sacerdote para bendecir, no hay que estar en un nivel superior, cualquiera puede hacerlo. Sólo es imprescindible saber escuchar y acompañar sin juzgar.

Sentados frente a frente escucharemos atentamente, como si de una confesión se tratara a nuestro interlocutor. Sin emitir ningún juicio de valor lo acompañaremos hasta el final de su relato. Por último lo bendeciremos y perdonaremos.

Entre otras cosas esta práctica puede ayudarnos a superar complejos físicos porque nos enseña a apreciar la belleza de lo que no se ve.

Para bendecir también hay que amar a “nuestro diablo interior”. Ese diablo al que nos referimos puede ser muchas cosas: una sexualidad reprimida, un niño inhibido que quiere jugar, una creatividad prohibida, etc. No se nos puede olvidar que ese “diablo”, la pasión que hace que nunca nos cansemos cuando estamos inmersos en procesos de creación, es el verdadero motor de nuestra vida.

Fuente: http://planosinfin.com/ad6a5bc93907a803ec61590559db370a

CALEIDOSCOPIO

Círculo de Mujeres “Nosotras que Nos Queremos”


Que cada mujer sienta que acompañando a otra mujer sana las diferencias, los malos entendidos , las rivalidades ….que ser mujer es aceptar ser vulnerable, saber que sentir es la gran fortaleza que nos hace vibrar junto a todos los que nos rodean, es darle al hombre el lugar de ser nuestro compañero, guerrero en el mundo y ofrecerle nuestro mundo interno para que descanse , para que sienta que puede entregarse y dejarse soñar en los brazos de su mujer !!! Y ser mujer es disfrutar de compartir con las mujeres toda una inmensa gama de sutiles sentires que solo la tribu de mujeres puede y quiere corresponder ! Bienvenidas las aliadas amigas que ha en de este mundo un mundo mejor !! Aleluya !!! Y gracias a las hijas que replican y expanden el mundo femenino a su manera con el agregado de lo nuevo y diferente que traen las nuevas generaciones !! Vivan las mujeres y benditas sean las creaciones que a cada instante saben revelar …y …compartir :)) aleluya !!!! Tere Colmegna20160223_210623

CALEIDOSCOPIO

El arte de desdefenderse: darle espacio o a lo luminoso


A veces ha sido tanto el dolor que, como un acto reflejo, cerramos la ventana también a lo luminoso. Lo luminoso está cerca. Lo luminoso insiste. Pero la contraseña para que pueda ingresar a nuestra vida sólo nosotros la sabemos; es ésta: “Me desdefiendo”.
La partícula “des” es aplicable, en perfecto castizo, a todo verbo reversible: “vestirse” tiene por contraparte “des-vestirse”; “defenderse” es un verbo reversible; pero, por favor, entiéndase bien: estar desdefendido no es estar indefenso. No es quedar expuesto a que los lobos de la noche nos coman las pocas entrañas que el dolor anterior nos haya dejado. No. Se trata de deponer las defensas, tender un puente al otro, pero ya con la sagacidad que da el aprendizaje que hayamos obtenido. Sólo puede desdefenderse quien cuenta consigo mismo. Quien se sabe capaz de cortar el puente si quien lo cruza viene a saquearnos. Es un arte de sabiduría. El que se rehúsa a ejercerlo, el que se queda en la segurita luz de su pobre candela, se vuelve pobre… muy pobre. Un pobrecito humano.
Si estás pudiendo leer este texto de corrido me arriesgo a afirmar esto: alguna vez te devastaron. Te saquearon el pecho. Te esquilmaron. Quizás lo hayas hecho a otros, no lo sé. Y aquí estoy yo: mi cicatriz me cruza el pecho y a espalda, como el símbolo del infinito. Pero, colega de dolores, ya estamos al tanto de qué se trata. Alcemos, pues el puente levadizo: del otro lado están las experiencias que nos faltan; pero ahora saldremos con la astucia del discernimiento. O te empobreces o amas. Es tu elección. Te recuerdo al magnífico Ítalo Calvino:
“El infierno de los vivos no es algo que será. Ya existe aquí: lo habitamos todos los días; lo conformamos todos juntos. Dos formas hay de no sufrirlo.
La primera es fácil para muchos: aceptar el infierno y convertirse en parte de él hasta el punto de dejar de verlo.
La segunda es arriesgada y exige atención y aprendizaje continuos: buscar y saber quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y darle espacio, y hacerlo durar mientras vivamos.”
Sí: es tu elección darle espacio. Y la mía.
Fuente: Departamento de Psicología y Espiritualidad del Centro Transpersonal de Buenos Aires.12744281_234537763551008_32586756927156552_n
CALEIDOSCOPIO, PARA HACER JUNTOS

El problema de la lealtad


Los seres humanos buscamos seguridad. Si hubiésemos obtenido la seguridad básica cuando fuimos bebes o niños pequeños, hoy no estaríamos tan necesitados de resguardo. Pero así han acontecido las cosas.

Es habitual que los individuos seamos -desde tiempos remotos- leales a mamá. ¿Por qué? Porque dependíamos de mamá -aunque haya sido violenta, alcohólica, depresiva, quejosa, desconectada o cruel-.

La lealtad opera del mismo modo en las relaciones personales y en las relaciones colectivas. El peligro es que la lealtad no entra en razones. La lealtad significa que vamos a estar del lado de ese individuo –o de esa ideología, de esa moral o de esa empresa- pase lo que pase. Cualquier pensamiento autónomo o distinto será considerado una traición.

La lealtad se organiza durante la primera infancia pero luego reproducimos la misma lógica en todos los vínculos afectivos. Tejemos las amistades en base a alianzas, no en base a la solidaridad. Tendríamos que ser mucho más maduros y conscientes de nosotros mismos para sostener amistades apoyadas en la comprensión de nuestros estados emocionales y tratando de funcionar como abogados del diablo de nuestros amigos. Sin embargo no hacemos eso: preferimos las alianzas para sentirnos seguros. Cuantos más nos juntamos en un lado (porque nos gusta la misma banda de música, porque nos gustan las morochas o porque compartimos el mismo deporte), más forjamos alianzas y lealtades dentro del grupo. En cambio la traición de esos acuerdos antiguos será pagado con el destierro.

En las instancias colectivas sucede exactamente lo mismo. La política suele apoyarse en un juego de lealtades y traiciones. De hecho en la medida que más personas provengamos de historias de inseguridad básica, adheriremos con absoluta lealtad a falsos líderes, a una idea, un partido político o a cualquier instancia que nos asegure la pertenencia.

El problema no es que nos guste una idea o una posición política cualquiera. El problema es que actuamos por lealtad, es decir prisioneros del miedo infantil de quedarnos sin un ámbito de seguridad. La lealtad es un búnker estupendo. Hay aliados en el aquí adentro y enemigos en el allí afuera. Sin embargo trae consigo una gran dificultad y es que nos enceguece. Lamentablemente la lealtad a ultranza suele ser una proyección de esa necesidad pasada por responder milimétricamente a las necesidades de mamá para ser queridos por ella.

La lealtad es un pacto de supervivencia falso. Nadie nos dará el amparo emocional que precisamos. Insisto en que estos son malos entendidos que mantenemos a lo largo de nuestras vidas y que enlazados con las historias de muchos otros individuos tan desamparados como nosotros en busca de resguardo, conformaremos ejércitos de soldados dispuestos a dar la vida por quien nos prometa una mínima cuota de amor. Es obvio que en el seno de pueblos empobrecidos e inmaduros, los políticos utilizan los mismos mecanismos que usamos las madres para tener a nuestros hijos a nuestros pies.

Si hay lealtad, no hay libertad. Si hay lealtad no hay pensamiento autónomo ni creatividad.

Pensémoslo al revés: Si fuéramos un gobernante o una corporación con poder real y con un grado de conciencia importante -es decir si fuéramos maduros- no precisaríamos la lealtad de nadie. Porque el verdadero poder no es tener sometidos a los demás satisfaciendo nuestros caprichos. El poder es la capacidad de amar y de estar al servicio del otro, despojados de nuestras necesidades infantiles.

Si nuestros gobernantes nos exigen lealtad es porque no son confiables en el sentido que están buscando su propio confort en lugar de derramar armonía y abundancia sobre los demás. Ninguna promesa será cumplida ya que han percibido nuestra necesidad de sostener la ilusión de pertenencia pagando el precio que haga falta. Cuando la lealtad está presente -tanto en un vínculo personal como en una comunidad- podremos comprobar lo inmaduros, maleables y manipulables que somos. ¿Cómo solucionarlo? No se trata de abandonar el vínculo o la admiración o la pertenencia al lugar que sea, sino de reconocer –en primer lugar- el vacío existencial del que provenimos, el desorden emocional y la falta de referentes maternos coherentes.

Las revoluciones iniciadas con buenas intenciones han fracasado a lo largo de la historia porque han sido organizadas en base a la lealtad inamovible hacia los líderes. Esa lealtad nos quita todo atisbo de libertad. Sin libertad, pensamiento autónomo ni criterio personal, no hay revolución posible. No importa qué ideologías nos generen más empatía, el problema no es la supuesta idea sino el funcionamiento colectivo basado en miedos aterradores infantiles. De hecho a lo largo de la historia los pueblos hemos seguido a nuestros líderes hasta circunstancias absurdas, sangrientas, salvajes e inhumanas sin osar apartarnos un ápice del territorio de lealtad. La lealtad hace estragos porque es consecuencia del miedo.

¿Se puede vivir sin lealtad a algo o a alguien? ¿Acaso está mal que tengamos ideas, gustos, opiniones o preferencias? En verdad la única fidelidad debería organizarse en concordancia con el sí mismo auténtico, con el yo soy. Si pudiésemos regresar a nuestro origen y estar en armonía con nuestro ser esencial, podríamos ser fieles a nosotros mismos y desde esa verdad accionar a favor del prójimo. Liberados del miedo. Fluyendo con el Todo.

Laura Gutman.

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PARA HACER JUNTOS

Encuentros para el Darse Cuenta® Grupal


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¿POR QUÉ PODRÍAS QUERER SER PARTE DE UN GRUPO PARA EL DESARROLLO PERSONAL?
Si sientes que tus problemas están afectando a todas las áreas de tu vida, en tus relaciones amorosas, con tus amigos, en tu trabajo, y sientes que necesitas ayuda, entonces estás en la búsqueda de parar ese sufrimiento… y una de esas maneras es ser parte de un grupo de desarrollo personal.
Un encuentro de desarrollo personal comparte un principal objetivo, y es que cada persona encuentre dentro suyo la comprensión y el entendimiento más profundo. Se trata de una experiencia vivencial que se lleva a cabo de forma verbal y no verbal, siempre guiado por un facilitador que ayuda a sostener el proyecto compartido que da vida al grupo
¿Y POR QUÉ GRUPAL?
Compartir esta experiencia en forma grupal te da la posibilidad de conectarte con las sensaciones y sentimientos de tristeza de tus compañeros, te verás reflejado en ellos, a veces disentirás, otras veces quizás te enojes… todo ese proceso es acompañado con intervenciones del facilitador, que promoverán y estimularán la comprensión y análisis de las experiencias compartidas, poniéndose así en marcha un proceso emocional que parte de una experiencia individual y que encuentra sentido en lo colectivo.
¿CÓMO ENCONTRAMOS NUESTRO LUGAR EN EL GRUPO?
Para que juntos construyamos un espacio de encuentro confiable y seguro tenemos que:
Traer con nosotros el deseo y la necesidad de compartir nuestra experiencia * Ser capaces de escuchar con atención al otro, así los problemas de tu compañero resonarán también en tu interior * Ser pacientes, ya que los conflictos que nos hicieron encontrarnos aquí no se resuelven rápidamente * Así el grupo se irá enriqueciendo a través de la vivencia múltiple.
¿CUÁL ES MI ROL COMO FACILITADOR?
Los facilitadores participamos haciendo comentarios, relacionando experiencias y sensaciones que resuenan en nuestra persona y en los integrantes del grupo. Mi tarea es ilustrar encuentro tras encuentro el trabajo que el grupo va desarrollando, dando cuenta el aspecto relacional de cada uno de ustedes dentro y fuera de este espacio.
¿CÓMO SE LLEVAN A CABO LOS ENCUENTROS?
A través de una entrevista individual, reviso si ambas partes, tú y yo, cumplimos con las condiciones para el enriquecimiento particular y colectivo.
Los encuentros grupales son cada 15 días y cada uno dura 90 minutos. Esta actividad se realizara teniendo como un mínimo de 10 personas.
Al comienzo, cuando el grupo recién se va conociendo, propongo que cada uno hable desde la espontaneidad, privilegiando las asociaciones libres, así, progresivamente, a través de la aparición de los diversos relatos que cada uno comparta, se va dando forma colectivamente al proceso propio del devenir de cada grupo. Por esta razón es muy importante el compromiso y constancia que cada uno entrega para sostener en conjunto cada encuentro.
Copyright 2016 #pupilarroude

CALEIDOSCOPIO, PARA HACER JUNTOS

Encuentros para el Darse Cuenta® Grupal


¿Qué podes esperar de Encuentros para el darse Cuenta® Grupal?
– Comprender de qué manera tus relaciones personales pueden ser tus grandes oportunidades para convertirte en la mejor versión de ti mismo.
– Comprender cómo el miedo crea la separación y salir de ese lugar.

– ¿Tener razón o ser feliz?
– Practicar el perdón, comprender y soltar.
– Conectar con tu guía interior (tu ser más elevado/tu alma/tu esencia) para desde ese lugar construir lo nuevo con unidad y Amor.

– Ejercicios para tomar acción durante todo el mes.
– Un espacio para vos donde reflexionar, reirte, emocionarte, inspirarte y salir con ganas de tomar acción.

Te Espero! Pupi

Info clikenado en este link:

https://www.facebook.com/events/1351201551572988/

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