CALEIDOSCOPIO, PARA HACER JUNTOS

Taller – Encuentro con mi propia Luna


La sustancia

La Luna refiere siempre a la sustancia de un cierto nivel de existencia —físico, biológico, psíquico, social,  mental—  esto es,  al  sustrato  indiferenciado del  cual surgirán  las  formas de ese nivel  de realidad. Es la materia prima, amorfa y disponible para adoptar las formas necesarias que expresan una   determinada   dimensión.  En   tanto   sustancia   vital   y   anhelo   de   reproducción   de   sí  misma, entregándose   a   las   estructuraciones   y   principios   formativos   que   actúan   sobre   ella,   expresa   su analogía con Tauro; de allí su exaltación en ese espacio zodiacal. Podemos   ejemplificar   con mayor   claridad  este   concepto  y   sus   ramificaciones,   describiendo  el desarrollo de un embrión,  dado que allí  donde comienza  la vida está particularmente presente el accionar de la Luna.

En  la  unión  entre  mamíferos,  una  vez   reunidos   los  gametos   en  el  útero  comienza  una   rápida segmentación   de   células   prácticamente   indiferenciadas.   Estas   poseen   una  enorme   vitalidad   y proliferan hasta dar lugar a una primera diferenciación entre ellas, con la emergencia de tres hojas de tejido distinguibles entre sí: ectodermo, endodermo y mesodermo. Las células de cada una de estas   hojas   tendrán   como   destino   un   específico   tipo   de   órganos,   al   final   de   una   serie   de transformaciones que parten de un origen común. El aparato respiratorio y el digestivo surgirán del endodermo a través de sucesivos pasos; el sistema nervioso se constituye a partir del mesodermo y así  el   resto,  de manera semejante.  Lo  importante para nosotros es ver  cómo  las  futuras  formas  finales (órganos) son transformaciones progresivas de tejidos básicos  que suministran sustancia, primeramente a sistemas enteros (respiratorio, digestivo, nervioso, estructura ósea, etc.) y más tarde se diferencian en órganos particulares (pulmones, tráquea, estómago, hígado, páncreas, etc.).En este sentido, aquí la Luna es la proliferación de tejido (relativamente) indiferenciado en la cual  se enfatiza la tendencia a repetirse a sí misma, hasta el momento en que una nueva información complejiza la sustancia (el tejido) a fin de producir una ulterior diferenciación.Un  replicarse  de   tal   intensidad   y   velocidad  —podemos   hablar   de   un   “frenesí   de autorreproducción”— responde a la necesidad del sistema global de disponer de sustancia, de contar con materiales primarios en abundancia para su posterior complejización, hasta alcanzar las formas finales.

La forma

La   segunda   tendencia   fundamental   de   la   Luna,   que   aquí   podemos   distinguir,   es   su  enorme plasticidad —dada por su indiferenciación— y su docilidad para responder a una orden impresa en la sustancia, afín de tomar determinada forma y no otra. En este caso, la inteligencia del código genético   que   quedó   constituido   a   partir   de   la   unión   de   los   gametos,   irá   determinando   las características específicas que la masa celular deberá tomar —a través de “instrucciones”— hasta transformarse en órganos definitivos: hígado, riñón, uñas, piernas, ojos… A partir de allí, la vitalidad celular   ya   no   responderá   a   nuevos   impulsos   formativos   y   sólo   se   renovará   periódicamente, replicándose dentro de un patrón estable y definitivo.

En este ejemplo de nivel biológico podemos visualizar varias características lunares que más tarde reconoceremos en otros planos: sociales, psíquicos, mentales, etc. Éstas son:

1) La relativa indiferenciación que posibilita sucesivas transformaciones, hasta dar lugar a una forma final.

2) La plasticidad y receptividad a las fuerzas formativas con las que incorpora la forma, para luego atenerse a ella.

3)  La alta  vitalidad  de  lo  lunar,  que hace que se  reproduzca continuamente a sí  misma, replicando la forma incorporada.

4)  La   capacidad de  renovación  en  respuesta a una orden determinada,  que   la   lleva   a incorporar una diferencia sobre  la base del  patrón anterior.  En el  ejemplo,  esto ocurre al pasar del endodermo a las células del futuro sistema digestivo y, más tarde, de éstas a las de cada uno de los órganos específicos.

Espejo y reflejo

Como sabemos, la Luna no posee luz propia sino que ésta se genera por un proceso de reflexión. Sin embargo, su presencia ilumina la noche reflejando la luz solar, al tiempo que morigera los efectos de esta última a fin de aliviar el exceso de radiación. El espejo, que devuelve una imagen que no es la realidad de lo reflejado, es un clásico símbolo lunar. Pertenece al mundo de objetos simbolizados por   la Luna pero posee,  a su vez,  una significación paradigmática en  relación a su  función.  En efecto, se lo construye a partir de una fina lámina de nitrato de plata que recubre la parte posterior del vidrio, sobre el que se produce la imagen. Esta red de asociaciones entre reflejo, espejo, plata e imagen, resulta muy relevante a la hora de discriminar una de las ambivalencias fundamentales de la Luna: ¿posee ésta vitalidad propia o es inerte? ¿Es creativa o sólo repetitiva?

En primer lugar, la Luna siempre depende de un impulso externo a ella para la realización de su función. Su indiferenciación básica o su cualidad refleja/pasiva no le permiten tomar la iniciativa ni tener autonomía, por lo menos en el inicio de los procesos en los que participa. A la inversa, no existe proceso sin el concurso de la Luna, dondequiera que exista sustancia.Su creatividad es propia de lo receptivo, repitiéndose a sí misma hasta desplegar la totalidad de la forma  con  la  que   fue   informada  o que   fue   activada  por  un  impulso.  Esto  indica  una   enorme vitalidad, fecundidad y capacidad de reproducción pero siempre como repetición de la estructura adquirida,  careciendo de  la capacidad de alterar por si  misma el  patrón al  cual  quedó  fijada. Siguiendo con el ejemplo biológico, después de la unión y determinado el entramado genético, la estructura “óvulo fecundado-útero-madre” (Luna) prosigue por sí misma el crecimiento del embrión, pero no se cuenta entre sus funciones la de modificar la pauta genética establecida.

Una vez desencadenada, la inteligencia lunar se repite a sí misma, inhibida de desarrollar variantes. En   esta   limitación   radica   la   potencia   de   su   función,   su   vitalidad   y   fecundidad   específicas, complementarias del  Sol.  La repetición es  imprescindible y  esto es visible en  lo biológico,  por ejemplo, con la réplica incesante del ADN en el nivel celular básico, actividad esencial para que la totalidad   del   sistema   se  mantenga   viva   y   retenga   su   forma.   Sin   embargo,   cuando   se   intenta comprender a la Luna en relación con el resto del sistema, específicamente en el plano psicológico, su tendencia a la repetición representa una de las dificultades más grandes.

 Fuente: La Lunas de Eugenio Carutti 

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